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Comunicación y Opinión

El verano de Sam: maltrato a animales y violencia interpersonal

Parte 1.- 

Muchos niños que son testigos de maltrato a animales por parte de una figura parental acaban desarrollando también este comportamiento.

El verano del 1977 fue especialmente caluroso en la ciudad de Nueva York, aunque no fue por la ola de calor que se recuerda a ese tórrido verano. Los habitantes de la ciudad que nunca duerme vivieron dominados por el terror que sembró David Berkowitz, más conocido como el hijo de Sam, quien mató a seis personas, hirió de gravedad a otras seis y se comunicó regularmente con columnistas de varios periódicos. Robert K. Ressler, uno de los fundadores del VICAP[1] del F.B.I.[2] y uno de los mayores expertos mundiales en la elaboración de perfiles criminales consiguió entrevistarse en varias ocasiones con Berkowitz, a quien describió como alguien tímido, reservado, calmo, educado…aparentemente nada hubiera hecho pensar que fuera capaz de cometer semejantes crímenes. Pero nadie se convierte en asesino en serie de la noche a la mañana: al estudiar la historia de Berkowitz, se descubrió que había habido “señales de alarma”: llegó a provocar 1448 incendios, en su adolescencia empezó a desarrollar fantasías sexuales aberrantes, fantasías de estrellar aviones y de cometer actos violentos y homicidas. A los seis/siete años vertió amoníaco en el acuario de su madre adoptiva y pinchó a los agonizantes peces con una aguja. Mató a su pájaro con raticida y explicó haber sentido placer al contemplar la lenta muerte del animal, así como la imposibilidad de la madre de salvar al pájaro. David también torturaba otros animales como polillas y ratones. En el primer estudio sistemático sobre asesinos en serie y agresores sexuales elaborado por el mismo Ressler, su colega del FBI, John Douglas, y la Dra Burgess, de la Universidad de Pennsylvania, observaron que de los 36 individuos de la muestra, el 36% admitía haber torturado animales durante su niñez, el 46 % durante la adolescencia, y el 36% seguía siéndolo en la edad adulta.

Muchos niños que son testigos de maltrato a animales por parte de una figura parental acaban desarrollando también este comportamiento. La crueldad parental proporciona un modelo de comportamiento inapropiado hacia los animales por parte de los niños. Existen ejemplos de asesinos en serie que podrían haber sufrido este proceso, como es el caso de Henry Lee Lucas quien a la edad de 10 años fue testigo como el novio de su madre puñalaba a una ternera y abusaba sexualmente de ésta mientras estaba agonizando. A los 13 años empezó a capturar pequeños animales y desollarlos aún con vida por diversión. Sus primeras experiencias sexuales consistieron en la captura de animales y la realización de rituales sexuales que incluían la tortura y la muerte. Su escalada violenta progresó durante 30 años en los que apuñaló, mutiló y asesinó a mujeres, siendo considerado uno de los asesinos en serie más notorios de la Historia de la criminología. Otro depredador sexual, Keith Hunter Jesperson, relata entre sus primeras experiencias la tortura y muerte de animales y cómo su padre le exhortaba a éllo. En unas declaraciones desde la Oregon State Penitentiary explicaba el placer que le producía ver el miedo en los animales mientras los torturaba y cómo llegó un punto en que matar no significaba nada, empezando sus fantasías de experimentar con seres humanos. Existen datos similares en otras biografías de asesinos en serie que torturaban animales en su infancia, siendo algunos de los más conocidos: Jeffrey Lionel Damher, Arthur Shawcross, Ted Bundy, Edmund Emil Kemper III, Carroll Edward Cole, Albert de Salvo, Peter Kurten, Richard Trenton Chase, David Berkowitz, Patrick Sherrill, etc. De entre los asesinos de masas y “school shooters” son también estudiados los antecedentes de crueldad hacia animales en los casos de Eric Harris y Dylan Klebold, Kip Kinkel, Mitchell Johnson y Andrew Golden, Michael Carneal, Luke Woodham, Brenda Spencer, Lee Boyd Malvo, entre otros. Resulta especialmente estremecedor el caso de Woodham, quien reconoció en su diario haber desmembrado vivos a ranas y gatos y haber golpeado, quemado y torturado a su perro Sparkle hasta la muerte, describiendo el acto como “pura belleza”. Huelga decir que en el estudio de las biografías de asesinos en serie y de masas, no es únicamente la crueldad hacia los animales uno de los eventos destacados sino que existen en numerosas ocasiones varios factores de vulnerabilidad implicados que juegan un papel relevante en su psicogénesis.

Dra. Núria Querol i Viñas

Tomado de: http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=44015

Francisco Garcés

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