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Comunicación y Opinión

La Casa Contaminada

Parte 1 

Seguro que si echa un vistazo a los productos de limpieza e higiene que guarda en los armarios del baño y de su cocina descubrirá que su propia casa es un foco de contaminación en miniatura. Fragancias artificiales, agentes antibacterianos y disolventes son sólo algunos de los componentes más habituales de limpiadores para el WC, colonias o maquillajes.

Según denuncia WWF en su página web «comprar estos productos es una lotería», porque a menudo resulta difícil encontrar entre los ingredientes que se mencionan en las etiquetas sustancias contaminantes, aunque de hecho éstas formen parte de la composición de muchos de ellos.

Es el caso del triclosán, un antibacteriano presente en pastas de dientes y productos de limpieza, entre otros. La Agencia estadounidense de Protección del Medio Ambiente lo incluye dentro de su lista de pesticidas, y reconoce la existencia de ciertos riesgos para la salud humana, asegura WWF. Este producto es un clorofenol, sustancias que se emplean en industrias de naturaleza muy diversa. Según algunos estudios publicados en la revista 'Nature'esta sustancia tendría la capacidad de desarrollar cepas de bacterias resistentes a los antibióticos.

PLOMO

 La intoxicación por plomo se conoce desde la antigüedad. Durante el Imperio Romano era muy habitual este tipo de envenenamiento puesto que los utensilios de cocina se fabricaban con este metal. Sin embargo, el auténtico conocimiento de los efectos nocivos para la salud del plomo vino de la mano de Alice Hamilton, una médico que, a principios del siglo XX, descubrió que cuando se ingiere o se inhala este metal, el organismo no es capaz de eliminarlo, sino que se acumula en los huesos y en otros tejidos.

Desde 1923 se sabe que el plomo daña del cerebro. En la actualidad, existen evidencias de que la exposición al plomo provoca además esterilidad tanto en hombres como en mujeres; daña los riñones y el tracto gastrointestinal; puede provocar importantes trastornos neurológicos, incluso algunos estudios han demostrado que provoca comportamientos agresivos y puede empujar a los adolescentes intoxicados a la delincuencia.

Con el fin de proteger a los niños, la OMS ha establecido como límite máximo de plomo en el agua 10 microgramos/decilitro. Sin embargo, algunos estudios (el último publicado en abril de 2003 en 'The New England Journal of Medicine') no sólo sugieren que cualquier cantidad de plomo es tóxica para el cerebro de los niños, sino que el mayor daño se produce con niveles por debajo de los 10 microgramos/decilitro. Por encima de esta cantidad se han observado pérdidas del cociente intelectual de 4,6 puntos. Sin embargo, incluso por debajo de esta cifra, la pérdida detectada ha sido de 7,4. Además estos efectos son irreversibles. El plomo se puede eliminar del organismo mediante un proceso denominado quelación, pero no se puede restaurar la inteligencia pérdida a causa de la contaminación. La recomendación de los expertos es realizar análisis periódicos para medir los niveles de plomo en el organismo. Si los valores superan los 4 microgramos se debe buscar la fuente de la contaminación y eliminarla. 

Además, su acumulación en el organismo a lo largo de toda la vida tiene también consecuencias en la senectud. Un equipo de investigación de la Universidad Johns Hopkins (EEUU) descubrió que con la pérdida de hueso propia del proceso de envejecimiento, el plomo acumulado en el esqueleto comienza a desprenderse y pasa a la sangre potenciando sus efectos tóxicos. Los investigadores observaron un importante incremento de la tensión sanguínea en los individuos más intoxicados con el consiguiente riesgo cardiaco que supone un aumento de la presión arterial. 

Hay muchas fuentes 'generadoras' de esta sustancia, las más habituales son el consumo de agua contaminada (a través de su contacto con las antiguas tuberías de plomo), las pinturas viejas (que también contenían este material), o bien la inhalación de los gases que desprenden los vehículos y las gasolinas con plomo.Tomando alimentos o agua que lo contengan, pasando mucho tiempo en áreas donde se han usado pinturas con base de plomo y que están deteriorándose o empleando productos para la salud o remedios caseros que lo contienen son algunas de las acciones que pueden ponernos en contacto con este producto. Algunas soldaduras, los desechos procedentes de viviendas construidas antes de 1950, los cables eléctricos, e incluso algunos tipos de cerámicas también pueden contener esta sustancia. Por ello, a pesar de que su uso está prohibido para estos fines desde la década de los setenta, muchos productos pueden aún estar contaminados y, en consecuencia, provocar problemas de salud a pesar del paso del tiempo




 Fuentes de este metal:

-cañerías antiguas--pinturas viejas -carburantes de autos-pilas y acumuladores-sellado de las latas de conservas

Tomado de: http://www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/2003/09/peligros_quimicos/cas_aluminio.html 

Francisco Garcés

 

  
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