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Comunicación y Opinión

Cada 13 minutos se extingue una especie

El "dato escalofriante" lo dieron en la presentación del informe "Planeta vivo". También señalaron que "las poblaciones de especies terrestres, de agua dulce y marinas disminuyeron un 40% entre 1970 y 2000" 

Una especie animal terrestre o acuática desaparece del mundo cada 13 minutos, afirmó hoy uno de los participantes en la presentación de un informe del Foro Mundial de la Naturaleza (WWF) sobre la destrucción de los recursos naturales del planeta. 

Los resultados del informe están basados en una investigación y control de 555 especies terrestres, 323 de agua dulce y 267 marinas.

 

El documento pone de relieve que el hombre consume un 20 por ciento más de los recursos naturales que el planeta puede producir, lo que está llevando al declive de numerosas especies amenazadas. 

Además apunta que desde 1961 la presión humana sobre las fuentes de recursos se ha incrementado un 160 por ciento. 

 

"Es evidente que cuando hablamos de especies, el hecho de que de algunas de ellas sólo haya 200 ejemplares supone que ya está perdida", señaló Geoffroy De Schutter, responsable de la unidad de sensibilización al desarrollo sostenible de la organización. 

Tomado de: http://www.averlo.com/notas/ecologia/octubre2004/221007.html

 

Francisco Garcés

Biodiversidad: Su destrucción

El cataclismo que acabó con los dinosaurios no fue nada comparado con la extinción de finales del Pérmico, hace unos 240 millones de años, que acabó con el 95 por ciento de las especies vivientes sobre la Tierra y cambió completamente el aspecto de los ecosistemas marinos.

Pero quizá incluso esa ola de extinción sea pequeña comparada con la que atraviesa el mundo en estos momentos.

La vida media de una especie se sitúa en el orden de magnitud de un millón de años aproximadamente. Eso significa que cada año, una especie entre un millón se debería extinguir por causas naturales. La realidad es que, según estimaciones razonables, se están extinguiendo cada año cientos o miles de especies por cada millón de ellas.

Según algunos biólogos, entre un 30 y un 50 por ciento de todas las especies que habitan la Tierra podrían haber desaparecido para mediados del siglo XXI. Según otros, este alarmismo no está del todo justificado, ya que no existen métodos fiables de cuantificar la tasa real de extinción actual ni de cuantificar adecuadamente el tiempo normal de vida de una especie. En el registro fósil sólo suelen quedar preservadas las especies resistentes, ampliamente distribuidas y de vida larga. Millones de especies confinadas en islas remotas o de vida muy corta pueden haberse extinguido antes de fosilizar, lo que significaría que en el pasado la tasa de extinción no fue muy distinta de la actual. Por otro lado, la mayoría de las especies actuales no se conocen y no se sabe si se están extinguiendo o no.

El pájaro carpintero de pico blanco ha sido redescubierto hace poco en Estados Unidos, después de 60 años sin que nadie lo viera y de que en 1.980 se le considerara oficialmente extinguido. Pero otras muchas especies desaparecidas en tiempos históricos, como el dodo, la vaca marina de Steller, el quagga o el lobo marsupial, no van a volver a aparecer (aunque algunos se aferran todavía a la remota posibilidad de que haya aún algún superviviente de lobo marsupial).

El caso de la paloma migratoria es especialmente sangrante, ya que muestra que incluso una especie abrumadoramente abundante puede desaparecer en poco tiempo por la acción del hombre. El último ejemplar de esta ave murió en un zoo de Estados Unidos en 1914, sólo unas décadas después de que inacabables bandadas de cientos e incluso miles de millones de ejemplares oscurecieran el cielo a su paso. Probablemente haya sido el ave más abundante que ha existido nunca. Pero fue cazada sin piedad y su costumbre de concentrarse en grandes bandadas la hizo muy vulnerable. Requería para sobrevivir que sus agrupaciones tuvieran un tamaño crítico y cuando no pudo alcanzarlo, sus poblaciones entraron en regresión.

Este mismo fenómeno se está observando hoy, por ejemplo, en muchas especies de peces antaño muy abundantes que han sido pescados sin medida. La desaparición de las pesquerías es un fenómeno muy preocupante a escala planetaria. La depredación por parte del hombre es una de las principales causas de extinción, incluso con escasos medios tecnológicos (cada vez hay más indicios de que los hombres primitivos estuvieron detrás de la extinción de muchos grandes mamíferos del Pleistoceno). Otra causa es la introducción de especies extrañas, de efectos devastadores en hábitats aislados y vulnerables. El calentamiento global es una silenciosa amenaza, cuyos efectos todavía no somos capaces de valorar.

Sin embargo, la principal causa de la desaparición de especies es, con pocas dudas, la degradación y la pérdida de hábitats. Cuando se tala una selva tropical o se edifica una ciudad, incontables seres vivos, que han tardado miles o millones de años en adaptarse a su medio, se ven obligados a migrar o a adaptarse a las nuevas condiciones en un intervalo brevísimo de tiempo. La mayoría de las especies pueden no estar capacitadas para adoptar ninguna de estas estrategias. Cuando desaparece una sola especie de árbol, varias especies íntimamente ligadas a él pueden desaparecer: sus parásitos, sus polinizadores o los animales que se alimentaban muy específicamente de sus hojas o sus frutos.

Conforme más y más hábitats naturales se van transformando en hábitats humanizados, como campos de cultivo, pastizales o medios urbanos, las especies autóctonas, especializadas y frágiles, son desplazadas por las especies oportunistas y adaptables que acompañan al hombre, como las malas hierbas, las ratas, las cucarachas o los gorriones. La globalización a nivel biológico consiste en sustituir las variadas faunas y floras locales por una comunidad biológica uniforme y universal.

La reducción y la fragmentación de los hábitats inciden muy negativamente en la biodiversidad. El número de especies que viven en un territorio es directamente proporcional al área que posee. Si disminuimos el área en un 50 por ciento, en torno al 16 por ciento de las especies se extingue. Los hábitats fragmentados son más vulnerables a catástrofes de carácter local y las poblaciones de organismos que los habitan son propensas a padecer problemas derivados de su escaso tamaño, como un exceso de endogamia y una pérdida de la diversidad genética.

Por todo ello, cada vez está más claro que las estrategias de conservación deben atender, más que a la protección de especies estrella, como los osos panda o los orangutanes, a la preservación global de los ecosistemas. Sólo un extenso sistema de reservas, donde los usos humanos estén muy restringidos, puede garantizar el mantenimiento de elevados índices de biodiversidad. Por otro lado, en los territorios que el hombre deba explotar para su supervivencia, deben adoptarse técnicas de desarrollo sostenible y de explotación racional y eficiente de los recursos. Sólo así podrá frenarse la Sexta Gran Extinción, la más veloz y catastrófica de la historia de la Tierra.

Tomado de: http://mundobiologia.portalmundos.com/biodiversidad-su-destruccion/

Francisco Garcés

El ruido contamina los fondos marinos

EFE / BARCELONA Los fondos marinos de las Islas Canarias, el Estrecho de Gibraltar y el archipiélago balear son las zonas españolas en las que hay una mayor contaminación acústica submarina, lo que tiene unos efectos nefastos para los cetáceos, muchos de los cuales acaban muriendo a causa de la sordera.


El incesante tráfico marítimo de barcos de pasajeros, yates, mercantes y pesqueros en aguas españolas está teniendo consecuencias irreversibles para el ecosistema marino y, en especial, para las ballenas, los delfines, las orcas y otras especies de cetáceos, que corren riesgo de desaparecer, según advierte el biólogo francés Michel André.


El ruido que producen tanto los barcos como otras fuentes artificiales, como los radares o las prospecciones petroleras, están provocando una pérdida de la capacidad auditiva de estos animales, lo que les impide algo tan esencial para su supervivencia como es el hecho de comunicarse entre ellos.


Esta disminución auditiva tiene otros efectos aún más fatídicos, si cabe, para estas especies, pues la sordera, causada por la exposición continua a ruidos excesivos, provoca que muchos cetáceos sean incapaces de captar los sonidos de baja frecuencia que emiten los buques y no puedan esquivarlos.


Sólo en aguas de Canarias, según André, fallecen cada año entre seis y diez cachalotes por el impacto con barcos, una cifra alarmante teniendo en cuenta que en esta zona habitan unos 300 ejemplares.


Lo cierto es que esta problemática no afecta sólo a España, pues la actividad del hombre ha perturbado el silencio de todo el fondo marino del planeta, sin excepción. "No existe ya ningún rincón del mundo donde no haya contaminación acústica", subraya André.
Aunque no existen datos del número de cetáceos que mueren cada año en aguas españolas tras impactar contra barcos, este experto señala que algunas de las zonas "más calientes", es decir, más ruidosas y más peligrosas, son el archipiélago canario, el Estrecho de Gibraltar y las Islas Baleares.


El equipo científico de Michel André ha elaborado, por primera vez en todo el mundo, un mapa de contaminación acústica submarina de las Baleares, y ahora hará lo mismo en la costa catalana. "Este mapa nos dará la oportunidad de conocer la realidad del fondo marino, qué ruidos hay y dónde están los focos", explica.

 

 

Tomado de: http://www.farodevigo.es/secciones/seccion.jsp?pRef=3165_26_0__Ciencia-y-Tecnologia

 

Francisco Garcés

Consecuencias del uso de Transgénicos

Los riesgos sanitarios a largo plazo de los transgénicos presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos no han sido evaluados seriamente y su alcance sigue siendo desconocido. Nuevas alergias, y aparición de nuevos tóxicos son algunos de los riesgos que corremos al consumirlos.

Una vez liberados al medio ambiente los transgénicos no se pueden controlar. La contaminación genética pone en peligro variedades y especies cultivadas tradicionalmente, y es irreversible e impredecible, no se puede volver a la situación de partida.

Las variedades transgénicas pueden contaminar genéticamente a otras variedades de la misma especie o a especies silvestres emparentadas. Por ejemplo, en México, el centro de diversidad y origen mundial del maíz, los maíces transgénicos importados de Estados Unidos están contaminando las variedades tradicionales.

El aumento del uso de productos químicos eliminan o afectan gravemente a la flora y a la fauna. Con las plantas tolerantes a herbicidas, el agricultor debe usar cada vez más cantidad de agrotóxicos para acabar con las llamadas "malas hierbas". Hoy por hoy existen datos que demuestran que, debido a esto, se están utilizando muchos más pesticidas en los cultivos transgénicos que en los convencionales. Con esto, la presencia de glifosato (el herbicida asociado a la soja transgénica RR de Monsanto) en el suelo, en las aguas y en los alimentos es cada vez mayor.

La introducción de los OGM en la agricultura exacerba el monopolio de unas pocas multinacionales sobre la producción de alimentos. Sólo un puñado de empresas (el 90% de los transgénicos están en manos de Monsanto) controlan el mercado de estas semillas y de los productos químicos asociados. Estas multinacionales han patentado sus semillas, han decidido ponerle precio a la vida, cuando la riqueza de la biodiversidad siempre ha sido un patrimonio de los pueblos y nunca ha tenido propietarios que pudieran cobrar a un campesino por utilizar las semillas de sus propias cosechas. La semilla, además de ser un insumo clave para los productores es la base de la soberanía alimentaria: no pueden pertenecer a unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría.

Los transgénicos llegaron con la promesa de erradicar el hambre en el mundo, basados en una agricultura de tipo industrial llamada “revolución verde”. Sin embargo, los resultados están a la vista. La revolución verde fue una campaña de gobiernos y empresas para convencer a los agricultores de países en desarrollo para que sustituyeran cultivos autóctonos por variedades de alto rendimiento dependientes de productos químicos y fertilizantes.

Lejos de constituir un medio para luchar contra el hambre, con los transgénicos han aumentado los problemas alimentarios. Los países que han adoptado masivamente el uso de cultivos transgénicos son claros ejemplos de una agricultura no sostenible. En Argentina, por ejemplo, la entrada masiva de soja transgénica exacerbó la crisis de la agricultura con un alarmante incremento de la destrucción de sus bosques nativos, el desalojo de indígenas, campesinos y trabajadores rurales, un aumento del uso de herbicidas y una grave sustitución de la producción de alimentos para consumo local.

La política de concentración promovida por Monsanto ha creado un modelo de sociedad donde unos pocos se llevan los beneficios a costa de la mayoría y donde se incrementan las diferencias entre pobres y ricos. En Argentina, por ejemplo, 160.000 familias tuvieron que abandonar sus tierras en la última década porque no podían competir con las grandes agropecuarias.

La Tierra produce comida suficiente para alimentar a toda la población mundial. El problema del hambre se debe al mal reparto de los recursos y se puede resolver con decisiones políticas. En las condiciones actuales de organización de los mercados un aumento de la producción no serviría para abastecer a los más necesitados sino para aumentar la concentración de la riqueza.

La solución al hambre y la desnutrición pasa por el desarrollo de tecnologías sostenibles y justas y por el empleo de técnicas como la agricultura y la ganadería sustentables. Éstas ya existen pero carecen del apoyo necesario para su puesta en marcha o para su generalización. La industria biotecnológica utiliza su poder comercial y su influencia política para desviar los recursos financieros que requieren estas soluciones duraderas y sostenibles.

Tomado de: http://www.greenpeace.org/argentina/transgenicos/consecuencias-del-uso-de-trans 

Francisco Garcés

Bioindicadores: Seres vivos que detectan la contaminación

Las alteraciones de la calidad medioambiental se pueden comprobar observando a organismos especialmente sensibles a estos cambios

Libélulas para saber el estado de las aguas, hormigas para evaluar la peligrosidad de una mina, abejas para detectar la contaminación atmosférica urbana, la hoja del tabaco para comprobar daños por ozono, corales y pingüinos para conocer el alcance del cambio climático... En vez de costosos equipos de medición y análisis, algunos científicos proponen el uso de bioindicadores, organismos o sistemas biológicos sensibles a las variaciones en la calidad ambiental.

·                                 Autor: Alex Fernández Muerza |  Fecha de publicación: 11 de febrero de 2008

Ante la más mínima alteración de las condiciones de su entorno, algunos seres vivos generan una determinada respuesta, cambiando sus funciones vitales y/o su composición química o genética, o incluso acumulando el agente contaminante (bioacumuladores).

Por ello, estos seres vivos se pueden convertir en unos indicadores biológicos muy útiles, fiables - y económicos - para evaluar la calidad ambiental del suelo, el aire o el agua. Así lo ha asumido por ejemplo la nueva Directiva Marco de Aguas, que incorpora el uso de bioindicadores para indicar el nivel de degradación o el buen estado de un ecosistema.

En este sentido, algunos animales son conocidos tradicionalmente por los pescadores como buenos indicadores de las condiciones de los ríos. Tal es el caso por ejemplo de los mirlos acuáticos, las libélulas y caballitos del diablo, las nutrias o las ranas comunes. Este tipo de animales necesitan unas aguas muy limpias para encontrarse a gusto. Si aparece algún mínimo elemento contaminante, que podría pasar desapercibido para los seres humanos, estos seres huyen del lugar.

Por su parte, investigadores de la Universidad del País Vasco están utilizando también diversos bioindicadores para analizar la Ría de Bilbao, muy castigada por la contaminación industrial de la zona a lo largo del siglo XX y que ahora se encuentra en pleno proceso de recuperación.

Proyectos muy diversos

Las plantas son unos indicadores muy utilizados por los investigadores, ya que se basa en técnicas simples y relativamente económicas. Por ejemplo, el proyecto europeo "Eurobionet" pretende evaluar la calidad del aire e identificar los contaminantes atmosféricos en diversas ciudades de Europa, entre ellas Barcelona y Valencia, usando plantas bioindicadoras.

En concreto, sus responsables están empleando una variedad del tabaco, Bel W3 (Nicotiana tabacum), para detectar los daños por ozono troposférico, la Tradescantia para los efectos mutagénicos de los contaminantes atmosféricos, la Ray grass (Lolium multiflorum italicum) para el azufre y los metales pesados, y la Col rizada (Brassica oleracea), que acumula compuestos orgánicos en las ceras de sus hojas.

Los líquenes, organismos que surgen de la simbiosis de un hongo y otro ser fotosintetizador, como un alga, son muy útiles para detectar por ejemplo la presencia de hidrocarburos, aceites, lluvia ácida, o en general, la presencia de metales pesados en la atmósfera, que acumulan en su interior. Por ejemplo, biólogos de la Universidad de La Laguna proponen en las Islas Canarias la instalación de "estaciones de control" con líquenes para medir la contaminación a largo plazo.

Los insectos también son muy buenos bioindicadores de deterioros ambientales muy diversos. Científicos del Centro Iberoamericano de la Biodiversidad de la Universidad de Alicante (CIBIO) han utilizado insectos coleópteros de la familia Tenebriónidos, cuyas especies están adaptadas a medios secos y áridos, para determinar las zonas de la provincia de Alicante que sufren una mayor degradación del suelo, y por tanto con mayor peligro de desertificación.

El Ayuntamiento de Córdoba y la empresa Apoidea trabajan en un proyecto de evaluación de la contaminación urbana en el que utilizan abejas y su miel como bioindicadores. Las patas de estos insectos tienen un pelo al que se adhieren las partículas del aire, por lo que se puede conocer la concentración de metales pesados, pesticidas o radiactividad en grandes áreas de la ciudad donde se mueven. Asimismo, explican sus responsables, son fáciles de criar y su análisis no es complicado.

El estudio de los efectos del cambio climático también está siendo realizado mediante bioindicadores por algunos investigadores. En la Universidad de Birmingham están probando al pingüino rey, ya que cubre varios cientos de kilómetros y pueden ser bien estudiados. Para ello, monitorizan sus constantes vitales para comprobar si ahora tienen que esforzarse más para encontrar su alimento.

Los investigadores encargados del programa de seguimiento de la reserva marina de las Islas Columbretes (Castellón) han descubierto que la Cladocora caespitosa, un coral abundante en el interior de puerto Tofiño, ha visto elevada su tasa de mortalidad, debido al parecer al incremento de la temperatura del agua. Aunque los científicos reconocen que no puede afirmarse con rotundidad que sea consecuencia del cambio climático, recuerdan que este coral es un buen bioindicador de dicho fenómeno.

Grandes posibilidades de los bioindicadores

El reino animal y vegetal proporciona una gran variedad de posibilidades, desde líquenes y hongos, pasando por anfibios y reptiles, peces, aves o hasta mamíferos. En cualquier caso, antes de un estudio mediante bioindicadores debe realizarse un análisis previo que seleccione el mejor organismo para el tipo de problema ambiental y su extensión geográfica y temporal. Un bioindicador ideal es un organismo sencillo de estudiar y bien conocido por la ciencia, y que esté presente de manera amplia en todos los hábitat posibles.

Por otra parte, el desarrollo de investigaciones mediante bioindicadores con metodologías científicas se ha producido en las últimas tres décadas, si bien se trata de una práctica conocida desde hace siglos. Los mineros utilizaban canarios que, en caso de perder el sentido, indicaban la presencia de gases inodoros y mortales. En Australia, la minería también se ha servido de hormigas para conocer si la restauración de una zona había tenido éxito. En los pueblos, la desaparición de los líquenes ya era asociado al empeoramiento de la calidad del aire.

Tomado de: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/naturaleza/2008/02/11/174440.php

Francisco Garcés

Biocombustibles de segunda generación

Parte 3

Más ecológicos y avanzados que los actuales, su desarrollo podría permitir una mayor implantación de los carburantes "bio" en los próximos años

Futuro de los biocombustibles de 2ª generación

El posible éxito de implantación de estos biocombustibles 2G dependerá de varios factores, según los expertos. En cualquier caso, el producto final, bioetanol o biodiésel, será el mismo, y por tanto, las instalaciones de 1ª generación seguirán operativas.

Enrique Monasterio, del EVE, considera que representarán una evolución de gran envergadura, si bien estima que podamos asistir posteriormente a nuevas evoluciones tanto en utilización de materias primas como en nuevos procesos industriales que optimicen su producción.

En cuanto al tipo de biocombustible 2G de mayor futuro, Monasterio apunta al bioetanol obtenido a partir de lignocelulosa por dos razones. Por un lado, porque es un producto muy homogéneo, con una combustión muy limpia y con gran aceptación entre los fabricantes de automóviles. Por otro, porque las productividades previstas de bioetanol por hectárea de cultivo utilizando plantaciones de árboles son muy elevadas.

Asimismo, el experto del EVE también señala un gran potencial para el biodiésel obtenido a partir de algas y el biobutanol, el primero por sus altas productividades y el segundo por su similitud con la gasolina en cuanto a poder calorífico, mejorando con ello al bioetanol.

Heikki Willstedt cree que la biomasa residual será un buen candidato en términos de coste, puesto que el recurso estaría disponible ya en el lugar de transformación. En todo caso, el éxito de estos biocombustibles dependerá en su opinión de la disponibilidad de las materias primas (teniendo en cuenta factores climáticos y geológicos), las mejoras en la tecnología, y las ayudas económicas para su desarrollo.

Teniendo en cuenta estas premisas, y la subida del precio del petróleo, el experto de WWF/Adena estima que los biocombustibles 2G, así como las posibles próximas generaciones, podrían conseguir una parte significativa del mercado mundial de combustibles para el transporte a partir del 2015 hasta el 2030-40. A partir de 2050, vaticina, lo más probable es que la electricidad pase a tener un papel preponderante en el transporte.

En cualquier caso, Jose Santamarta afirma no ser tan optimista como las empresas del sector: "Habrá que sopesar con cuidado todos los pros y los contras, el balance de CO2 de todo el ciclo, las repercusiones sobre la biodiversidad, el ciclo de nutrientes de los suelos y el ciclo hidrológico."

Tomado de: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2008/01/26/174085.php

Francisco Garcés

 

Biocombustibles de segunda generación

Parte 2. 

Más ecológicos y avanzados que los actuales, su desarrollo podría permitir una mayor implantación de los carburantes "bio" en los próximos añosVentajas e inconvenientesEn opinión del experto de WWF/Adena, Heikki Willstedt, las principales ventajas de estos biocombustibles 2G son las siguientes:
  • En principio, requerirán menos recursos (fertilizantes, pesticidas, agua, terrenos, etc.) para ser producidos. El ratio neto de energía producida mejorará respecto a los actuales.
  • Al disponer de una mayor variedad de materias primas y no ser comestibles, no generarán competencia con la industria alimenticia, aunque puede que la generen con la que utiliza fibras vegetales o madera.
  • Podrán ser generados en terrenos no agrícolas o marginales.
  • En algunos casos, podrán servir para recuperar terrenos erosionados en laderas o zonas desertificadas y fijar CO2 a través de su sistema de raíces.
  • A largo plazo, pueden abaratar los costes de producción respecto a los actuales biocarburantes.
  • Algunas especies tienen mejores resultados en climas templados que en tropicales, por lo que pueden desarrollarse en Europa o EEUU.

En cuanto a los inconvenientes, Enrique Monasterio, responsable de la Unidad de Transporte del Ente Vasco de la Energía (EVE), subraya los mayores costes iniciales de producción. En el caso concreto del biodiésel sintético, apunta, la falta de coordinación entre los distintos centros de investigación, con diferentes prototipos de gasificadotes, está además ralentizando la evolución esperada.

Por su parte, Jose Santamarta, considera que los recursos dedicados a estos biocombustibles sería mejor destinarlos a otras tecnologías más prometedoras. Además, explica, los biocombustibles forman parte de un modelo insostenible, basado en el automóvil privado, que se pretende mantener con soluciones "tecnológicas".

De la misma manera se posiciona Heikki Willstedt, quien recuerda que seguir utilizando el motor de combustión es un error, ya que en la práctica sólo un 5% de la energía contenida en el combustible se transforma en movimiento. En cambio, añade, el motor eléctrico es mucho más eficiente y ecológico: Transforma un 70-90% de la energía eléctrica en trabajo mecánico, no genera contaminación en su punto de utilización y la electricidad puede ser generada en el mismo vehículo, como los actuales coches híbridos, o a través de la red eléctrica generada por tecnologías renovables.

Asimismo, el experto de WWF/Adena añade como otras desventajas de estos nuevos carburantes la posible propagación de especies modificadas genéticamente con impactos desconocidos, y la pérdida de hábitat naturales debido a monocultivos.

 Materias primas y procesos distintos

La principal materia prima para esta nueva generación es la biomasa celulósica, cuya estructura química es más difícil de descomponer aunque posee importantes ventajas respecto a las materias primas de 1ª generación. En este sentido, las especies más prometedoras son, según Heikki Willstedt, el álamo y sauce de rotación corta (especies de crecimiento rápido en algunos casos mejoradas genéticamente); el miscanthus (una hierba alta de pasto perenne, también denominada "pasto elefante" por su tamaño); el mijo perenne forrajero (panicum virgatum), y la biomasa residual de productos industriales o en residuos urbanos.

 Asimismo, también se presentan como fuentes alternativas de materia prima algunos tipos de microalgas, que además de producir aceites que pueden transformarse en biodiesel, absorben grandes cantidades de CO2. En cuanto a la jatropha (un árbol que produce frutos no comestibles con un gran contenido en aceites), Willstedt explica que se suele incluir entre las nuevas opciones de materias primas, pero no se considera de segunda generación, ya que para su transformación en carburante utiliza los mismos procesos tecnológicos que los actuales.

Por otra parte, los procesos de transformación de estos nuevos biocombustibles también son diferentes. Según Monasterio, los principales procesos y resultados obtenidos son el biodiésel sintético a partir de un proceso de gasificación de biomasa y una reacción de Fischer-Trops; el biodiésel a partir de algas; el bioetanol procedente de la lignocelulosa de madera, paja e incluso hierba; y un nuevo biocarburante, el biobutanol.

Tomado de: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2008/01/26/174085.php

Francisco Garcés

Biocombustibles de segunda generación

Más ecológicos y avanzados que los actuales, su desarrollo podría permitir una mayor implantación de los carburantes "bio" en los próximos años

Los actuales biocombustibles generan cada vez más dudas acerca de su viabilidad y su impacto medioambiental. Por ello, diversas investigaciones y proyectos tecnológicos en todo el mundo están trabajando en el desarrollo de una segunda generación que contrarreste estos inconvenientes. Las posibilidades en cuanto a materias primas y tecnologías son diversas, y los expertos creen que en los próximos años podrían estar ya en los depósitos de nuestros vehículos.

Qué son los biocombustibles de 2ª generación

La diferencia fundamental de los nuevos carburantes de segunda generación (2G) con respecto a los actuales es que se van a elaborar a partir de mejores procesos tecnológicos y materias primas que no se destinan a la alimentación y se cultivan en terrenos no agrícolas o marginales. De esta manera, la polémica generada por los actuales de sustituir alimento por carburante quedaría zanjada. En este sentido, los actuales "biocombustibles" no deberían en teoría utilizar el prefijo "bio" en la Unión Europea (UE) al no cumplir los criterios exigidos para ello.

Por ello, los biocombustibles 2G aparecen con el objetivo de superar las limitaciones de expansión y los graves conflictos que pueden generar los actuales agrocombustibles. Heikki Willstedt, especialista en energía y cambio climático WWF/Adena, considera que cada vez está más claro que no se podrá lograr el objetivo de la UE de cubrir para 2020 el 10% del consumo de combustibles para transporte con los de 1ª generación.

Asimismo, explica, la mayor parte de las inversiones, por lo menos en España, han sido para la construcción de las plantas transformadoras, pero ha habido poco dinero para mejorar los cultivos, los agricultores y la I+D. "Esto ha generado varias plantas sin funcionar porque no tienen materia prima. Una mejor política sería acelerar y fomentar la puesta en marcha de biorefinerias, dónde se optimiza la biomasa tratada y se sacan varios productos, no sólo combustibles, con alto valor añadido", añade.

Los principales países que están apostando por estos nuevos biocombustibles 2G son casi los mismos que en el caso de la primera generación. En este sentido, Alemania, Estados Unidos y Suecia son los que más están investigando para su implantación a gran escala. En Suecia, por ejemplo, hay un plan gubernamental para sustituir completamente el petróleo en el transporte por combustibles de origen vegetal para 2020. Por su parte, empresas petroleras como Chevron y Shell están también realizando importantes inversiones.

En cuanto a los productos que surgirán de esta segunda generación, Jose Santamarta, representante del Instituto World Watch en España, afirma que se destinarían fundamentalmente al transporte por carretera, sustituyendo a gasolinas y gasóleos. A medio plazo, también podrían sustituir al keroseno empleado en la aviación.

No obstante, los biocarburantes 2G se encuentran todavía en fase de laboratorio o de proyecto piloto. Las estimaciones indican que los consumidores europeos tendrán que esperar de tres a cinco años para utilizarlos de manera significativa, aunque algunos países pueden estar a punto de comenzar su uso.

Biocombustibles de 2ª generación en España

En el caso de España, se pueden destacar algunas iniciativas interesantes en la actualidad. En el caso del bioetanol, una de las dos plantas piloto de producción a partir de lignocelulosa de Europa (la otra está en Suecia) se encuentra en Salamanca, y es propiedad de Biocarburantes Castilla y León, participada por las empresas Abengoa y Ebro Puleva al 50% respectivamente.

Por otra parte, el Institut Universitari de Ciència i Tecnología (IUCT) en Cataluña ha creado el "IUCT-S50" a partir de la glicerina, uno de los principales residuos generados por la fabricación del biodiésel. Según sus responsables, se trata del "primer biocarburante de segunda generación del país", y estará a la venta en cuanto finalice su desarrollo preindustrial, que puede alargarse entre 9 y 18 meses.

Asimismo, la Generalitat Valenciana, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), la empresa Imecal y la planta de Almussafes de Ford colaboran en un proyecto para producir bioetanol a partir de los residuos de la industria cítrica. Si los estudios de viabilidad que se están llevando a cabo resultan positivos, sus responsables podrían llevar a la puesta en marcha de una planta piloto comercial.

En cuanto a la divulgación de estos nuevos sistemas y productos 2G, recientemente se celebraba el Pamplona el Congreso Internacional "Biofuel 2G", que ha contado con exposiciones sobre los últimos avances en este campo de diversos expertos españoles y europeos. 

Tomado de: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2008/01/26/174085.php

Francisco Garcés