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Comunicación y Opinión

Desaladoras: razones a favor y en contra

Permiten abastecer de agua de calidad a lugares con escasez, pero sus posibles impactos medioambientales recomiendan limitar su uso

El agua del planeta es mayoritariamente salada: tan sólo el 3% es agua dulce, de la que únicamente el 1%, contenida en ríos, lagos y acuíferos (aguas subterráneas), sirve para uso humano. Por ello, las desaladoras se presentan como una tecnología que puede garantizar el suministro de este preciado elemento a millones de personas en todo el mundo. España tiene en marcha actualmente el programa de desalación de agua marina por ósmosis inversa más importante del mundo y se coloca a la vanguardia mundial de este tipo de instalaciones. Diversos expertos explican las ventajas y los inconvenientes de este sistema, y si bien las desaladoras se consideran útiles en ciertos casos, también se aconseja limitar su uso para lo estrictamente necesario.

 Un sistema en auge en España y el mundo

España es una de las potencias mundiales en desalación, tanto en uso como en tecnología. Según José Antonio Medina, presidente de la Asociación Española de Desalación y Reutilización (AEDyR), se trata del cuarto país del mundo en producción de agua desalinizada, con un promedio de 1,5 millones de metros cúbicos diarios. Los responsables de esta organización calculan además que la cifra de entre dos y tres millones de personas que consumen actualmente agua desalinizada en España se triplicará en los próximos tres o cuatro años.

Para ello, se cuenta con unas 900 plantas desaladoras, tanto de agua salobre como de mar, y de tamaños entre 100 y más de 100.000 m3/día de capacidad, según datos de la AEDyR. Además, el Programa A.G.U.A. (Actuaciones para la Gestión y la Utilización del Agua) del Ministerio de Medio Ambiente plantea la puesta en marcha, ampliación y construcción de 36 de estas instalaciones como una de sus acciones esenciales para cubrir la demanda de agua en la zona mediterránea.

En este sentido, Antonio Estevan, consultor ambiental de la empresa Gea21, señala en un estudio que cuando todas las centrales estén operativas, la capacidad de producción de agua a partir de recursos marinos será de más de 800 hm3 anuales, una cifra sólo superada por algún país de Oriente Medio, pero principalmente con tecnologías térmicas de evaporación, no con tecnología de ósmosis inversa, que es la que utiliza España fundamentalmente.

España es el cuarto país del mundo en producción de agua desalinizada, con un promedio de 1,5 millones de metros cúbicos diarios

Por su parte, según Estevan, España también es líder mundial en capacidad y cualificación de la industria constructora de centrales, excepto en la fabricación de membranas, , uno de los componentes básicos de este sistema. Así por ejemplo, diversas empresas españolas trabajan a nivel internacional, como por ejemplo Acciona Agua, que ha firmado contratos para construir desaladoras por ósmosis inversa en Emiratos Árabes Unidos, Argelia, Estados Unidos (EE.UU.) o Reino Unido.

En cuanto a su implantación a nivel mundial, según la Asociación Tecnológica para el Tratamiento de Aguas (ATTA) hay 12.000 desaladoras que abastecen a 140 millones de personas, con una producción de 47 hm3/día y una previsión para 2010 de 65 hm3/día. Además de los países pioneros en estos sistemas, como Oriente Próximo o Australia, diversos países del Norte de África, EE.UU. o China están invirtiendo también en estas plantas, realizadas en muchos casos por empresas españolas.

A modo de ejemplo, la planta de Yuma, en EE.UU., es la desaladora de ósmosis inversa más grande del mundo, con una capacidad para producir unos 275.000 metros cúbicos de agua desalada por día.

Razones a favor

Diversos expertos enumeran varias ventajas de estas instalaciones. El presidente de AEDyR, José Antonio Medina, asegura que estos procesos son una nueva fuente de suministro de aguas, y gracias a los avances técnicos actuales son accesibles a amplios sectores y pueden contribuir de forma importante a resolver problemas tanto de escasez como de mala calidad de las aguas disponibles.

 

Mónica Martín, gerente de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA), explica que el abaratamiento de su consumo energético, debido a nuevas tecnologías cada vez más eficientes, unido a su rápida construcción, que permite garantizar suministros de agua en menos de dos años, las convierte en una solución tecnológica muy interesante desde el punto de vista de la oferta, sobre todo para los que siguen generando nuevas demandas de agua (la agricultura mediterránea intensiva y los abastecimientos urbanos turísticos).

En cuanto a los efectos medioambientales, la responsable de la FNCA señala que los vertidos de salmuera derivados del proceso están ya controlados. Asimismo, en términos económicos, el coste energético de poner el agua en la casa de, por ejemplo, un alicantino, resulta menor con la desalación que con el trasvase, recalca Martín.

El coste energético de poner el agua en la casa de un alicantino resulta menor con la desalación que con el trasvase

Por su parte, Santiago Martín, coordinador del área de agua de Ecologistas en Acción, apunta también como razones a favor el que permiten abastecer islas donde los recursos propios son insuficientes para mantener a su población (Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro); y racionalizan el uso del agua en regadíos de muchas zonas del Mediterráneo, porque sus responsables se retraen bastante de pedir más agua al tener que pagarla, lo que demuestra que el supuesto déficit era en realidad de agua gratis.

No obstante, esta ONG ecologista advierte de que, para evitar un mal empleo de la misma, la desalación marina debería cumplir las siguientes condiciones: estar controlada por la Administración pública; destinar los volúmenes desalados a usos ya existentes deficitarios, y no para nuevos usos que incrementen el consumo de agua, en particular de nuevos desarrollos urbano-turísticos; que sustituya recursos no renovables sobreexplotados; y que se incluya dentro de un plan de reconversión de la demanda de agua que evite el abuso en el consumo del agua.

Calidad del agua garantizada

En verano del año pasado, dos de las tres desalinizadoras de la cuenca del Segura, utilizadas para abastecer de agua a la población, fueron noticia al haber superado los límites tolerables para la salud humana de una sustancia, el boro.

Sin embargo, Santiago Martín, de Ecologistas en Acción, afirma que la calidad del agua desalada está garantizada, y que esta polémica es interesada por parte de algunos agricultores que no quieren pagarla a su coste de producción, acostumbrados a un agua muy barata o incluso gratis. De hecho, explica, los niveles de boro obtenidos en los análisis de agua procedente de las desaladoras en funcionamiento están muy por debajo de lo que se añade por ejemplo de boro al agua de riego del olivo en Andalucía.

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Razones en contra

Diversos especialistas y estudios recuerdan también los inconvenientes de esta tecnología. El responsable de AEDyR señala que su uso requiere atenciones especiales por sus posibilidades de influencia negativa en el medio ambiente.

 

En este sentido, las aguas residuales originadas en la desalinización contienen un alto contenido en sales y diversas sustancias químicas nocivas. En caso de entrar en contacto con el entorno marino, los fosfatos pueden originar un proceso de eutrofización, que impacta negativamente a la flora y fauna acuática; los vertidos de salmuera pueden afectar a praderas de posidonia; o el cloro puede formar halometanos, unas sustancias cancerígenas.

Por otra parte, hay que añadir su consumo energético, más todavía si la planta se abastece de combustibles fósiles. En este sentido, la gerente de la FNCA asegura que el punto crítico puede situarse en el precio creciente de la energía y de las emisiones de CO2. Por ello, esta experta sostiene que el precio del agua desalada va a estar vinculado cada vez más al precio de la energía y sus fluctuaciones, por lo que sugiere comenzar a pensar en la implantación de energías renovables, todavía no demasiado desarrolladas, que abaraten el recurso.

Se han puesto en marcha varias plantas sin contratos cerrados que garanticen la compra de agua a un determinado precio

Además de estos posibles efectos negativos, Santiago Martín, de Ecologistas en Acción destaca como posible razón en contra más importante que contribuyen a consolidar y agudizar un desarrollo insostenible en la costa mediterránea, con las nefastas consecuencias ambientales que ello conlleva.

Asimismo, el experto de Ecologistas en Acción recuerda que la gran mayoría de las desaladoras operativas en la Península se encuentran paralizadas, o están trabajando al 10-20% de su capacidad, como consecuencia de la falta de demanda. Según Antonio Estevan, de Gea21, se han puesto en marcha varias plantas sin contratos cerrados que garanticen la compra de agua a un determinado precio, y apunta a que puede haber problemas para colocar el agua que se desale, lo que elevaría aun más los costes.

Hacia una nueva cultura del agua

En definitiva, Estevan subraya que la regla de oro de la protección ambiental establece que el menor impacto es el que no se genera. Por lo tanto, recomienda restringir en lo estrictamente necesario el uso de las desaladoras, y apostar por una modernización de la estructura administrativa del agua, una revisión de los abusos, una exigencia reglada de eficiencia en el uso del agua, y una colaboración tanto de las administraciones como de los consumidores.

Por su parte, las principales ONG ecologistas (Greenpeace, WWF/Adena y Ecologistas en Acción) han solicitado a los responsables institucionales una nueva política de aguas basada en el ahorro y la eficiencia, cerrando la puerta tanto a los trasvases como a la construcción de nuevas obras hídricas, como las desaladoras.

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Desarrollo tecnológico de las desaladoras

La desalación de aguas marinas o salobres no es una idea nueva, y de hecho, hay varios antecedentes históricos. No obstante, la iniciativa de producirla a escala industrial para uso urbano comienza a mediados del siglo XX en los países del Golfo Pérsico. En aquel entonces, su desarrollo se basó en las tecnologías de evaporación, que necesitaban gran cantidad de energía, si bien en la década de los 60 mejoraron hasta convertirse en asequibles para ciertos domésticos e industriales.

En cualquier caso, las necesidades de agua han impulsado en las últimas décadas la mejora de estas tecnologías. Medina asegura que se detectan avances año tras año, que hacen asequible el agua desalada a sectores inimaginables hace bien poco, como la agricultura.

Así, a partir de los años 60 se empezaron a probar diversos sistemas, como la destilación multietapa, que dio paso a las tecnologías multiefecto y de compresión de vapor. De esta manera, Lanzarote, la única isla canaria que carecía prácticamente por completo de recursos naturales de agua, instalaba en 1965 la primera desaladora industrial en España, y una de las primeras del mundo fuera del Golfo Pérsico. La planta fue comprada por una empresa privada al gobierno de EE.UU., que la había tenido instalada en la base de Guantánamo (Cuba).

Se detectan avances año tras año, que hacen asequible el agua desalada a sectores inimaginables hace bien poco, como la agricultura

En la década de los 80, las tecnologías térmicas empezaron a alcanzar su límite de costes, y en paralelo, empezaban a aparecer las primeras membranas eficaces en la desalación de agua de mar. Así, la primera planta de ósmosis inversa se instalaba en los cayos de Florida en 1979.

De esta manera, esta tecnología se ha convertido en la más utilizada, gracias según Antonio Estevan al continuo desarrollo tecnológico de las membranas, que entre 1980 y 2000 redujeron su precio a la mitad mientras duplicaban su capacidad de producción, así como por el progresivo dominio de las técnicas de ósmosis y sus problemas asociados. En España, es de nuevo Lanzarote la primera en instalar una planta de este tipo, concretamente en 1984.

No obstante, las propuestas, en algunos casos llamativas, no se reducen a un único sistema. Por ejemplo, el proyecto Desertec pretende la instalación de centrales de concentración solar en la región del norte de África y de Oriente Medio no sólo para extraer energía, sino también para desalar agua de mar.

Por su parte, el escritor Alberto Vázquez-Figueroa proponía en 2005 un método alternativo para desalar agua marina "a coste cero", consistente en elevar el agua hasta cierta altura, desde donde se la deja caer, para desalar una parte y que la otra parte produzca electricidad, de manera que se puede ganar dinero elevando el agua cuando la tarifa de electricidad es baja y produciendo electricidad cuando la tarifa es alta. Sin embargo, según José Antonio Medina, la idea, además de no ser novedosa, supone en realidad una fuerte inversión, bastante superior a la de una desaladora de tipo convencional. Asimismo, al consumir más electricidad también se desprendería más CO2 que en las desaladoras convencionales, por lo que no sería una buena solución medioambiental.

Cómo funciona una desaladora

Una desaladora es una planta industrial que convierte el agua salada del mar en agua apta para uso industrial, agrícola o para consumo humano. Aunque hay varios métodos, el más utilizado es el de ósmosis inversa. Esta tecnología aplica una presión sobre el líquido, forzando al agua pura que contiene a pasar a otro recipiente a través de una membrana semipermeable, impidiendo el paso de la sal. El agua resultante va pasando por varios filtros y controles, que eliminan impurezas y microorganismos nocivos hasta que se consigue la calidad necesaria

Tomado de: Tomado de: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2008/06/12/177702.php

Francisco Garcés

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