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Comunicación y Opinión

Biocombustibles de segunda generación

Más ecológicos y avanzados que los actuales, su desarrollo podría permitir una mayor implantación de los carburantes "bio" en los próximos años

Los actuales biocombustibles generan cada vez más dudas acerca de su viabilidad y su impacto medioambiental. Por ello, diversas investigaciones y proyectos tecnológicos en todo el mundo están trabajando en el desarrollo de una segunda generación que contrarreste estos inconvenientes. Las posibilidades en cuanto a materias primas y tecnologías son diversas, y los expertos creen que en los próximos años podrían estar ya en los depósitos de nuestros vehículos.

Qué son los biocombustibles de 2ª generación

La diferencia fundamental de los nuevos carburantes de segunda generación (2G) con respecto a los actuales es que se van a elaborar a partir de mejores procesos tecnológicos y materias primas que no se destinan a la alimentación y se cultivan en terrenos no agrícolas o marginales. De esta manera, la polémica generada por los actuales de sustituir alimento por carburante quedaría zanjada. En este sentido, los actuales "biocombustibles" no deberían en teoría utilizar el prefijo "bio" en la Unión Europea (UE) al no cumplir los criterios exigidos para ello.

Por ello, los biocombustibles 2G aparecen con el objetivo de superar las limitaciones de expansión y los graves conflictos que pueden generar los actuales agrocombustibles. Heikki Willstedt, especialista en energía y cambio climático WWF/Adena, considera que cada vez está más claro que no se podrá lograr el objetivo de la UE de cubrir para 2020 el 10% del consumo de combustibles para transporte con los de 1ª generación.

Asimismo, explica, la mayor parte de las inversiones, por lo menos en España, han sido para la construcción de las plantas transformadoras, pero ha habido poco dinero para mejorar los cultivos, los agricultores y la I+D. "Esto ha generado varias plantas sin funcionar porque no tienen materia prima. Una mejor política sería acelerar y fomentar la puesta en marcha de biorefinerias, dónde se optimiza la biomasa tratada y se sacan varios productos, no sólo combustibles, con alto valor añadido", añade.

Los principales países que están apostando por estos nuevos biocombustibles 2G son casi los mismos que en el caso de la primera generación. En este sentido, Alemania, Estados Unidos y Suecia son los que más están investigando para su implantación a gran escala. En Suecia, por ejemplo, hay un plan gubernamental para sustituir completamente el petróleo en el transporte por combustibles de origen vegetal para 2020. Por su parte, empresas petroleras como Chevron y Shell están también realizando importantes inversiones.

En cuanto a los productos que surgirán de esta segunda generación, Jose Santamarta, representante del Instituto World Watch en España, afirma que se destinarían fundamentalmente al transporte por carretera, sustituyendo a gasolinas y gasóleos. A medio plazo, también podrían sustituir al keroseno empleado en la aviación.

No obstante, los biocarburantes 2G se encuentran todavía en fase de laboratorio o de proyecto piloto. Las estimaciones indican que los consumidores europeos tendrán que esperar de tres a cinco años para utilizarlos de manera significativa, aunque algunos países pueden estar a punto de comenzar su uso.

Biocombustibles de 2ª generación en España

En el caso de España, se pueden destacar algunas iniciativas interesantes en la actualidad. En el caso del bioetanol, una de las dos plantas piloto de producción a partir de lignocelulosa de Europa (la otra está en Suecia) se encuentra en Salamanca, y es propiedad de Biocarburantes Castilla y León, participada por las empresas Abengoa y Ebro Puleva al 50% respectivamente.

Por otra parte, el Institut Universitari de Ciència i Tecnología (IUCT) en Cataluña ha creado el "IUCT-S50" a partir de la glicerina, uno de los principales residuos generados por la fabricación del biodiésel. Según sus responsables, se trata del "primer biocarburante de segunda generación del país", y estará a la venta en cuanto finalice su desarrollo preindustrial, que puede alargarse entre 9 y 18 meses.

Asimismo, la Generalitat Valenciana, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), la empresa Imecal y la planta de Almussafes de Ford colaboran en un proyecto para producir bioetanol a partir de los residuos de la industria cítrica. Si los estudios de viabilidad que se están llevando a cabo resultan positivos, sus responsables podrían llevar a la puesta en marcha de una planta piloto comercial.

En cuanto a la divulgación de estos nuevos sistemas y productos 2G, recientemente se celebraba el Pamplona el Congreso Internacional "Biofuel 2G", que ha contado con exposiciones sobre los últimos avances en este campo de diversos expertos españoles y europeos. 

Tomado de: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2008/01/26/174085.php

Francisco Garcés

 

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