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Comunicación y Opinión

¿Cómo funciona un albergue de animales

Las jornadas de los trabajadores y voluntarios de los albergues son indefinidas; los perros necesitan atención las 24 horas del día

Cuidar y atender 300 animales no es nada fácil, pero es la labor que hacen a diario en los albergues de las protectoras de animales. Ellos acogen y tratan con respeto los animales que otras personas abandonan con irresponsabilidad. En estos centros se fomenta la adopción como forma de dar una nueva oportunidad a los animales para que tengan un nuevo hogar y puedan ser felices.

El albergue San Francisco de Asís de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid (SPAP) nos ha servido de referencia para conocer la rutina diaria de un centro de recogida de animales, cuyo funcionamiento se puede extrapolar a cualquier protectora de animales española.

Comienza la jornada

El trabajo comienza a las 8 de la mañana, que es cuando los cuidadores sacan a los animales al patio. Durante la noche los perros duermen en los cheniles individuales, excepto en el caso de los animales de tamaño pequeño, que duermen de dos en dos, para proporcionarse más calor.

Patios amplios

El albergue de la SPAP cuenta con patios amplios de entre 200 y 500 metros cuadrados. Cuando los perros llegan a los patios, se recogen los excrementos y después

Los perros que necesitan atención médica son atendidos a partir de las 10:00 de la mañana, que es cuando llegan los veterinarios

se limpian patios y cheniles, que se desinfectan con agua y lejía que se aplica a presión con las mangueras. Para realizar esta labor los trabajadores necesitan toda la mañana.

En los patios hay abrevaderos con agua fresca y limpia, así como tolvas para proporcionar durante todo el día pienso a los animales. El criterio para distribuir a los perros en los diversos patios se basa en factores como: el sexo, tamaño y sobre todo su comportamiento. Es decir se agrupan los más tranquilos y por otro lado los que son más conflictivos.

Horas de descanso

Los trabajadores del albergue tienen un tiempo de descanso; de las 14:30 a las 16:00 de la tarde. Durante ese tiempo, los animales vuelven a sus cheniles, pero antes, se vuelve a recoger las heces. Y es que los animales, cuando están en los patios, necesitan supervisión para evitar peleas que puedan acarrear heridas. A las 16:00 horas los perros regresan a los patios y entonces los cuidadores les dedican cuidados más individualizados, como baños o cepillados. Después se vuelven a recoger los excrementos y alrededor de las 20:00 horas los perros regresan a los cheniles para pasar la noche.

Atención veterinaria

Los perros que necesitan atención médica son atendidos a partir de las 10:00 de la mañana, que es cuando llegan los veterinarios. Se comienza con una visita general por todos los patios y se habla con los cuidadores para conocer incidencias o novedades. Se traslada a los perros a la consulta veterinaria del albergue para aplicar el tratamiento que precise el perro enfermo o herido.

El consultorio veterinario de este albergue cuenta con patios adyacentes para que los animales convalecientes se recuperen mejor. En caso de que el animal precisara un tratamiento más complejo, como por ejemplo una cirugía más complicada, o una ecografía, los animales se pueden trasladar otra clínica, que en este caso también depende del albergue. En esta consulta también se llevan a cabo con los animales del albergue esterilizaciones, baños antiparasitarios o desparasitaciones internas.

La llegada de un animal nuevo

El ingreso de un animal puede ser por dos vías: a través de su propietario o recogido de la calle. Según explica José Luis Torres, veterinario del albergue San Francisco de Asís:"el trabajo en el albergue se enfoca sobre todo a los perros vagabundos, porque los que han vivido en un hogar, a partir de los cuatro años no se recuperan del trauma que les supone la ruptura emocional con sus dueños".

En el caso de que una persona quiera dejar a su animal en el albergue tras años de convivencia con él, se le advierte de las consecuencias de su decisión y, según José Luis Torres, "hay quien lo siente de verdad, pero por determinadas circunstancias no tiene más remedio que dejarlo y hay otras personas a quienes les da igual que su animal vaya a sufrir y a morir de pena".

Protocolo con los ingresos

Lo primero cuando llega un nuevo animal es conocer su estado sanitario y saber si está identificado con microchip, para poder localizar a sus propietarios si se ha perdido, o bien sancionarlo si ha sido abandonado. Los perros recién llegados se mantienen en cuarentena para observar su estado sanitario y comprobar si son portadores de enfermedades infecciosas, como por ejemplo el moquillo canino, que son muy contagiosas, sobre todo para los cachorros.

Otro aspecto que se vigila es la posible presencia de parásitos, que puedan contagiar al resto de los animales del albergue. La cuarentena o aislamiento de los perros también permite conocer el carácter del animal, que será prioritario para seleccionar a sus compañeros de patio y para saber para qué tipo de adoptantes puede ser más adecuado.

Objetivo de un albergue

José Luis Torres, veterinario del albergue San Francisco de Asís, comenta que el objetivo de centros como este es "dar a los animales sin hogar una posibilidad de tenerlo, porque adoptar es mejor que comprar y en el caso de que no tengan que vivir en el albergue, queremos darles una calidad de vida media-alta porque no queremos que el albergue se convierta en un almacén de animales".

El criterio para distribuir a los perros en los diversos patios se basa en factores como: el sexo, tamaño y sobre todo su comportamiento

En definitiva, un trabajo duro, pero muy motivador el que realizan las personas que velan por la seguridad y el bienestar de unos animales que no han tenido suerte con sus dueños. En los albergues se devuelve, a través de la adopción, la esperanza de tener un hogar para estos animales donde puedan ser felices.

TOMADO DE: http://www.consumer.es/web/es/mascotas/perros/adopcion/2012/01/30/206589.php

 

FRANCISCO GARCES

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Adoptar un perro anciano: diez buenas razones

Cuando se planea una adopción lo habitual es pensar en un cachorro, pero rara vez en un adulto y, menos aún, en un perro anciano

Encontrar personas dispuestas a adoptar a un perro de edad avanzada es complicado, ya que las familias suelen preferir cachorros o perros jóvenes, sin importar demasiado el sexo o la raza. La llegada de un perro mayor a casa, sin embargo, puede traer experiencias tan enriquecedoras y placenteras como la adopción de uno de corta edad.

Sherlock , un perro mestizo, fue adoptado por una socia de la organización de protección animal El Refugio. Algunos años después su dueña falleció y el animal regresó de nuevo a la asociación. Fue entonces cuando Chris, una voluntaria de la protectora, decidió darle una segunda oportunidad. Y lo adoptó. En ese momento Sherlock tenía ya trece años. "Un caso como el de Sherlock ", manifestó el presidente de El Refugio, Nacho Paunero, "ayuda a entender que todos los perros y gatos adultos que tenemos merecen tener una segunda oportunidad y ser adoptados".

La relación con un perro adoptado en la vejez suele ser más sencilla que con un cachorro o un animal joven

La vejez no es una enfermedad, es solo una etapa más en la vida del can. Y no todos los perros se hacen ancianos a la misma edad. Mientras que un animal de gran tamaño se considera senior a los cinco años, un perro pequeño no es entra en la vejez antes de cumplir los siete. Muchos adoptantes ignoran, sin embargo, las múltiples ventajas que puede tener adoptar un perro anciano.

Es cierto que el envejecimiento trae consigo cambios físicos y metabólicos que el propietario debe conocer. Pero, a cambio, la relación con un perro en la vejez suele ser más sencilla que con un cachorro o un animal joven. Casi dos de cada diez perros que se abandonaron en España en 2010 eran ancianos, según el estudio Fundación Affinity sobre abandono de animales de compañía. A continuación se enumerantiene diez motivos de peso por los que adoptar un perro anciano.

1- El perro anciano ya está educado

El futuro dueño no tendrá que pasar por la difícil y, a veces, incómoda tarea de enseñar modales al cachorro. El perro que entra en su vejez ya sabe pasear con correa, no comerse los muebles, respeta las plantas y no hace sus necesidades en el parqué. Conductas que, sin embargo, todo perro pequeño hace alguna vez (como mínimo).

2- El perro anciano sabe cómo comportarse

La gran mayoría de los perros de edad senior ya conocen qué han de hacer y cómo han de comportarse para pertenecer a una manada (la familia de adopción). Saben cómo agradar. Y su necesidad de cariño y gratitud es tan grande como su capacidad de dar amor.

3- El perro senior sabe con total claridad lo que significa "no"

El animal anciano adoptado que ya ha convivido con otra familia entiende las órdenes que recibe de su dueño mucho mejor que un cachorro o un perro joven. Su disciplina es sin duda mayor: son perros maduros.

4- Un "abuelete" aprende a mayor velocidad

Adoptar a un perro de edad avanzada implica algunas ventajas de aprendizaje. El animal anciano se adaptará antes a nuestros hábitos, horarios y carácter que uno que no haya convivido nunca antes con personas, y haya que enseñarle desde cero.

5- El perro anciano no sufre la dura etapa de la dentición

Una de las ventajas de adoptar un perro anciano es que evitará algunas molestias propias de los perros más jóvenes, como la dolorosa dentición. Los cachorros que atraviesan la etapa mordisquean todo lo que tienen a su alcance: zapatos, muebles, cestas de la ropa, puertas, etc. Un perro abuelo ya ha superado esta etapa.

6- El carácter de un perro anciano es definitivo

Los canes pueden sufrir cambios de comportamiento conforme van creciendo. Y en ocasiones, un simpático cachorro puede no serlo tanto cuando alcanza la edad adulta. El adoptante de un perro anciano se evita sorpresas: conoce el carácter del animal desde el principio.

7- El perro "abuelo" es un gran compañero

El can anciano será un gran compañero de su dueño, desde el primer día, de casi cualquier actividad que su amo le proponga. Los perros adoptados suelen ser más agradecidos, pues conocen el abandono. Y si son ancianos, aún más. Un can senior estará por lo general ansioso por complacer a su nueva familia, sobre todo si ha sufrido antes de su adopción.

8- Proporcionan más tiempo libre

Los perros de poca edad no están aún habituados al horario de los humanos. Un cachorro tiene ganas de jugar o hambre a horas intempestivas. Un perro en su vejez ya conoce estas reglas. Y permiten por ello, entre otras ventajas, dormir mejor.

9- Necesitan hacer menos ejercicio

El ritmo de vida actual no siempre permite tener tiempo suficiente para dar largos paseos a diario.

Adoptar un perro anciano puede ser una experiencia inolvidable

En estos casos, adoptar un perro anciano es una buena opción: no necesitará paseos tan largos como los perros jóvenes. Un perro senior estará, por lo general, más que satisfecho con el tiempo que su amo pueda ofrecerle. Eso sí; también en el caso de los perros: cuanto más se da, más se recibe.

10- Todos merecemos una segunda oportunidad

El perro anciano que ha sido abandonado tienen más probabilidades de acabar sus días en una protectora o casa de acogida que sus compañeros de menor edad. Para un can en la vejez, compartir con una familia el tiempo que les queda es regalar tiempo de calidad, de cariño y de lealtad.

Adoptar un perro anciano puede ser una experiencia inolvidable. Y dejará el recuerdo de una amistad verdadera.

 

TOMADO DE: http://www.consumer.es/web/es/mascotas/perros/adopcion/2012/01/30/206518.php

 

FRANCISCO GARCES

¿Cómo adoptar un perro con un gato ya en casa?

¿Cómo adoptar un perro con un gato ya en casa?

Canes y felinos pueden ser amigos y compartir el mismo hogar, pero su presentación debe ser paulatina y hay que proporcionar un refugio tranquilo al gato donde ausentarse

       

La presunta enemistad entre felinos y canes tiene más de mito que de realidad. Perros y gatos pueden ser amigos y vivir juntos. La mayoría de ellos disfrutan de su compañía y amistad, si las presentaciones han sido adecuadas. Pero, ¿cómo adoptar un can cuando ya vive un felino en casa? En este artículo se explica la adaptación en ocho pasos: grabar los ladridos del perro, realizar cambios en el hogar, crear un refugio para el gato, delimitar el domicilio, presentarles, usar premios, aceptar ciertos bufidos del felino y entender que, aunque sean amigos, serán siempre muy diferentes.

Paso 1. Presentar a perros y gatos: grabar los ladridos antes

Perros y gatos pueden ser amigos y compartir la misma casa, pero la presentación debe ser paulatina

Antes de traer al perro adoptado a casa, conviene grabar sus ladridos (vale el teléfono móvil o una sencilla grabadora de mano). Escuchar el sonido de los ladridos antes de conocer al can ayudará al gato a acostumbrarse a su nuevo compañero.

La grabación hay que reproducirla varias veces delante del felino durante algunos días, e incrementar de forma paulatina el volumen, con el fin de que se ahorre posteriores sobresaltos.

Paso 2. Realizar antes cambios en la casa

La llegada de un perro a una casa donde ya vive un gato puede implicar pequeños cambios en la vivienda, con el fin de adaptarla al nuevo miembro de la familia. Así, es posible que se necesite elevar el cuenco de la comida del felino, con el fin de que el can no pueda acceder al alimento que no es suyo.

Todas estas modificaciones previsibles deben estar listas unos días antes de la llegada del perro. De este modo, la adaptación no será tan drástica para el gato y, por tanto, tendrá menos reparos en aceptar a su nuevo amigo.

Paso 3. ¿Tiene el gato un refugio?

Antes de la llegada del can a casa, hay que asegurarse de que el felino tendrá un refugio seguro e íntimo donde cobijarse. "Cuando se adopta un perro, hay que proporcionar una zona de refugio para el gato en el domicilio, un área lejos del paso del resto de los habitantes del hogar donde el felino tenga acceso a todas sus necesidades: zonas de rascado, arenero, un área de descanso elevada y juguetes", concluye un estudio sobre adopciones de gatos y perros realizado por la Universidad de Ohio (EE.UU.).

Una habitación apartada puede servir para transformarla en refugio. Esta zona permitirá al felino retirarse cuando necesite estar solo y tranquilo. Además, es importante asegurarse de que puede entrar y salir de ella con libertad.

Paso 4. Espacios reservados para perros y gatos

Cuando llega el can a una casa donde ya vive un gato, es importante restringir su acceso a ciertas áreas (entre ellas, la elegida como refugio del felino). "Podemos confinar al perro al principio en una o dos habitaciones, separadas por vallas de seguridad para bebés: esto permitirá al gato investigar y aproximarse al recién llegado, a su propio ritmo", añaden estos expertos.

El perro, por su parte, debe permanecer confinado hasta que el felino se sienta cómodo y su curiosidad le invite a acercarse con confianza a la zona delimitada para el can.

Paso 5. Presentaciones, poco a poco

Los primeros contactos del perro con el gato deben ser con la correa, y vigilar que el can no le hace daño

Una vez superado el paso anterior, hay que preparar encuentros controlados entre el perro y el gato.

Para ello, se puede amarrar al can con su correa y llevarle hasta la habitación donde el felino descanse. Es importante que la correa no esté tirante, ya que esto le transmitiría ansiedad.

Además, hay que asegurarse de que el acercamiento del perro al gato es apropiado: que no trate de perseguirlo, gruñirle, ni de abalanzarse sobre él. "Un can puede hacer mucho daño a un felino, incluso causar su muerte", advierte la asociación Paws, de defensa de los animales.

Por eso, el acercamiento debe ser paulatino y, siempre, supervisado por el dueño. Si el perro trata de perseguir al gato, hay que ponerse firme y decirle "no" e, incluso, invitarle a sentarse tranquilo. Y no se debe permitir que camine solo sin supervisión por la casa, hasta no estar seguro de que ambos se encuentran cómodos el uno con el otro.

Paso 6. Premios para los dos

La actitud tranquila y positiva del can en su acercamiento al felino es importante premiarla: unas galletas caseras y una buena dosis de caricias le ayudarán a entender que el gato es su nuevo compañero.

Del mismo modo, hay que premiar al felino con galletas y palabras amables. Estas recompensas le ayudarán a ver que el perro es su amigo, mientras se crea un clima de confianza y tranquilidad entre los dos.

Paso 7. Los gruñidos del gato al perro son normales

Los gatos no siempre aceptarán a la primera los acercamientos del can, aunque estos sean cariñosos y juguetones. "Los felinos suelen bufar a los perros durante sus presentaciones, es un comportamiento normal de defensa que, poco a poco, cesará", explican los expertos.

Por eso, es importante no castigar ni reprenderle, ya que no tardaría en relacionar al perro con el castigo.

El mejor consejo es ser paciente y dejar que se haga a la idea de compartir su casa y espacio con un can, poco a poco.

Paso 8. Perros y gatos amigos, ¡y tan diferentes!

La mayoría de perros y gatos pueden vivir juntos de forma pacífica, e incluso es posible que forjen una gran amistad entre ellos. Sin embargo, se debe recordar que canes y felinos son distintos, y que estas diferencias incluyen a sus hábitos de juego.

De ahí que sea importante supervisarles durante sus juegos para estar seguros de que no hay malas interpretaciones que enfríen su amistad. Y, fundamental: hay que asegurarse siempre de que ninguno de los dos sufre daños.

 

TOMADO DE : http://www.consumer.es/web/es/mascotas/perros/adopcion/2014/08/22/220405.php

 

FRANCISCO GARCES

El rudo trabajo de rescatar animales abandonados! By Santos Guerra On Feb 3, 2014

El rudo trabajo de rescatar animales abandonados!

Tener (al menos) una mascota es bueno para la salud

El 46 por ciento de los hogares españoles tiene, al menos, una mascota. El vínculo humano-animal se define como una interacción afectiva especial y duradera con un individuo único. En el caso del perro, a veces existe una conexión mayor que con sus congéneres.

Viviana Gutman Mariach, psicóloga generalista sanitaria, cuenta que «tener o no tener mascota es una elección. Y dicha elección implica hacer un lugar para alojarla, física y emocionalmente». Los beneficios terapéuticos, cognitivos y de salud que se obtienen al establecer un vínculo con una mascota son admirables. Aunque este debe generarse bajo unas premisas donde ambas partes se comporten adecuadamente entre sí. Alivian la soledad, reducen el estrés, promueven los hábitos saludables como el ejercicio y el juego, fomentan la interacción social y son una fuente de afecto, incluso el cuidar de una mascota puede ayudar a vivir más años.

«Una mascota permite descubrir un modo de relación diferente. En personas con algún tipo de autismo, las mascotas pueden estimular la vinculación afectiva, el contacto corporal y la comunicación no verbal. Un perro puede “adoptar” a un niño como parte de su manada. Lo cuida y protege», afirma Gutman. Compartir la vida con un perro o un gato puede aportar a cualquier persona un buen estado físico y psicológico. Asimismo, los animales de compañía pueden contribuir al desarrollo educativo y social de los más pequeños y a ayudar también a los más mayores en la sociabilización y mejora de la salud. Sin olvidar que, para personas con dificultades para comunicarse, de motivación, atención o concentración, con baja autoestima, problemas de comportamiento o enfermedad mental, es una vía de escape y desarrollo. Los animales domésticos pueden ser un modo de consolación, un enlace con la naturaleza, pues ayudan a promover el respeto, la compasión y la empatía hacia otros seres e incitarles a hacer ejercicio. El 88% de las personas con mascota no desearía separarse nunca de su perro.

Además, tener perros en casa puede ayudar a proteger a los niños contra las alergias respiratorias. «Al estar expuestos desde pequeños al pelo de animales, el cuerpo desarrolla cierta inmunidad ante agentes externos. Los niños que crecen con mascotas desde bebés presentan menos riesgos de padecer asma y alergias», detalla Samuel Namer Levi, doctor veterinario en la Clínica Veterinaria del Planetario. Se trata de vivir en un ambiente con un alto nivel de endotoxinas, bacterias presentes en el polvo ambiental y también en los animales, que genera en los niños una especie de fortalecimiento de defensa del cuerpo. Incluso, si el niño padece graves problemas de alergias siempre se puede elegir una raza baja en alérgenos. «Recomendamos animales de compañía que no pierdan pelo y no tengan descamaciones –piel muy seca–», aconseja Namer.

En el caso de los gatos, hay menos posibilidades de tener enfermedades respiratorias como el asma, ya que los niños suelen desarrollar tolerancia inmunológica a los mismos, además de ser un gran apoyo emocional. Está claro que tener un gato ayuda a aliviar el estrés y reducir los síntomas negativos de malestar psicológico. Del mismo modo, padecen menos riesgo cardiovascular ya que se tienen niveles más bajos de presión sanguínea y de triglicéridos. El corazón responde mejor ante estas situaciones si tienes una mascota. El 83% de los propietarios declaran que su gato es una fuente de compañía constante. Por otro lado, también es una experiencia maravillosa para los niños y uno de los mejores recuerdos que podrán tener.

Estar en posesión de un perro o un gato ayuda a enseñarles un respeto mutuo, amor incondicional y responsabilidad, formando así el binomio perfecto. Incluso, «a diferencia de los padres, los perros no son críticos y no dan órdenes, lo que puede aportar cierta seguridad y autoestima en los niños. Además de estimular su imaginación y curiosidad», detalla Gutman. En concreto, el perro siempre ha sido catalogado como el mejor amigo del hombre por sus características genuinas: el afecto y la fidelidad.

Cuando un niño aprende todo esto, adquiere un adiestramiento invaluable y, gracias al mismo, tratará a las personas de igual manera. Sin embargo, es cierto que hay situaciones que hacen plantearse a las familias si tener mascota o no. Es el caso de posibles lesiones por mordeduras aunque, según las estadísticas, son poco frecuentes y evitables siempre y cuando se tomen una serie de medidas lógicas y sensatas. A pesar de ello, es innegable afirmar que un animal en el hogar aporta calma y estimula el cerebro y el cuerpo. Ocho de cada diez niños prefieren jugar con su mascota antes que con los videojuegos.

Muchos psicólogos emplean la terapia con animales para los más jóvenes puesto que sirve para la gestión de las emociones y la confianza. En el mundo educativo, resulta muy efectivo para personas con problemas de atención y aprendizaje.

TOMADO DE: POR ANDREA ARCE. https://www.larazon.es/sociedad/tener-al-menos-una-mascota-es-bueno-para-la-salud-LG20376409

 

Francisco Garces v.

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Las curiosidades científicas más increíbles de los perros

Se cree que se conoce bien a los perros pero hay muchas curiosidades sobre ellos que no son conocidas y que la ciencia se ha encargado de desvelar. Se han realizado estudios científicos sobre aspectos de sus vidas que asombran cada vez más. Aristopet, la tienda online especializada en todo lo que las mascotas necesitan, aporta las claves y detalles más interesante de dicho estudio.

Ellos entienden

Cuando un humano habla con un perro siempre se ha pensado que entendía aunque no hablara el lenguaje humano y es correcto, según un estudio de la Universidad British Columbia en Canadá, los perros son capaces de entender unas 160 palabras y en algunos casos, hasta 200. Además pueden comprender también la entonación de la voz del dueño, cuando está enfadado o contento. También, según revela su estudio, son capaces de resolver problemas complejos, con habilidades mentales próximas a la de un niño de 2 años de edad. Según Coren, ‘se puede distinguir entre tres tipos de inteligencia canina: la instintiva, la adaptativa y la de trabajo y obediencia. Esta última es la que diferencia principalmente a las razas: los collies son los más inteligentes, seguidos de caniches y de los pastores alemanes. El cuarto en la lista es el golden retriever, y el quinto puesto lo ocupa el doberman. Es más, se ha demostrado que poseen la capacidad de contar hasta cuatro o hasta cinco, y poseen conceptos básicos de aritmética que les permite detectar errores en sumas sencillas como 1+1=3’.

Por si fuera poco, la investigación afirma que son capaces de engañar a otros perros y a los humanos para conseguir recompensas, otro signo claro de inteligencia, y que aprenden por sí solos cuál es el mejor camino para llegar a un determinado sitio o cómo manejar máquinas simples.

Grandes compañeros en la enfermedad de los humanos

Por otro lado, los perros tienen una habilidad que ayuda a personas enfermas o que no han detectado su enfermedad. Por ejemplo en hospitales como Sant Joan De Déu o en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza se pueden encontrar caninos por los pasillos que proporcionan diversión y animo a los enfermos. El Hospital La Fe de Valencia tiene unos de los programas más importantes, Can de la Mano, un programa de voluntariado con perros de asistencia dirigido a minimizar el impacto emocional del ingreso en pacientes hospitalizados.

¿Por qué cuando se le habla a un perro siempre ladea la cabeza para los lados?

Según un estudio del UBC, el psicólogo americano Stanley Coren, experto en comunicación, descubrió el motivo. ‘Dependiendo de la raza y de si el hocico es más o menos prominente, el perro ladea o no ladea la cabeza cuando le hablamos. De esta manera les permite tener un mejor ángulo de visión de la boca y de las facciones de quien les está hablando’

Cuánto más grandes, menos esperanza de vida.

Otra curiosidad sobre los perros es que los de mayor tamaño no viven tantos años como los más pequeños. Aunque muchos animales viven más por la alimentación o los cuidados veterinarios, en este caso el tamaño importa. Los perros de raza más grandes envejecen a un paso más acelerado, cada dos kilos de peso, la esperanza de vida disminuye en un mes.

TOMADO DE: larazon.es https://www.larazon.es/familia/las-curiosidades-cientificas-mas-increibles-de-los-perros-DD20320461

 

 

Importante opinión de un ex torero sobre la masacre taurina

Valga el presente escrito a propósito de una nueva edición del Carnaval Sangriento de América, celebrado en Mérida (Venezuela). Se trata de la transcripción parcial de una entrevista realizada en Colombia al extorero Álvaro Múnera, ahora ferviente antitaurino y defensor de los derechos animales. Información importante si se considera que proviene nada más y nada menos de quien fuera protagonista de la masacre taurina durante algunos años, y por tanto conocedor de la tauromaquia dentro y fuera de los ruedos.

He aquí dicha transcripción:

Durante su vida como torero, ¿nunca reflexionó acerca del sufrimiento que su actividad implicaba para otros seres vivos y de lo innecesario de semejante atrocidad?
 
Hubo varios momentos críticos en mi carrera taurina donde vi tanta crueldad que quise dejarlo: cuando maté a una vaquilla en estado de preñez y me tocó ver cómo sacaban a su feto del vientre, en esos momentos quise abandonarlo porque había matado a dos y la escena era tan dantesca y tan impresionante que dije “no más”, me puse a llorar y vomité, pero me dieron la palmadita en la espalda y mi apoderado me dijo “tranquilo, tú vas a ser una figura del toreo, estos son gajes del oficio”, así que desaproveché esa primera oportunidad continuando mi carrera taurina, lo que hoy en día me resulta inconcebible y de lo que me avergüenzo, pero en ese momento yo tenía 14 años y no tomé conciencia suficiente para dejarlo. Luego, cuando a puerta cerrada maté a un toro al que le pegué cinco o seis espadazos y el animal, con parte de sus órganos internos también afuera, luchando por su vida, aferrándose a ella con las pocas fuerzas que le quedaban también me impresionó mucho y me indicó el retiro, sin embargo ya tenía preparado mi viaje a España y crucé el Atlántico, donde vino la tercera, contundente, ya Dios dijo “si es que no quiere comprender por la razón va a hacerlo ahora por otro método” y ahí si aprendí muy bien la lección, fue una experiencia muy bonita porque como ser humano significó superar mi situación clínica y encima trabajar por reparar todos mis crímenes, ha sido una gran experiencia para mí.

¿Qué le parecen los argumentos empleados una y otra vez por los defensores de las corridas, tales como: que el toro nació para eso, que genera empleo, que es una tradición, que no sufre, que es una lucha de igual a igual, que vive muy bien hasta que es toreado, etc.?.
 
Los argumentos que esgrimen los taurinos para defender las corridas de toros, más que argumentos son disculpas (…). Creo que la tortura del animal en si, aunque también existe con el transporte, empieza cuando al toro le clavan la marca de la ganadería y luego viene la pica, las banderillas, la estocada, y en el rejoneo los rejones de castigo.
 
Los taurinos dicen que el toro nació para eso y que si no existieran las corridas desaparecería una especie. Primero decir no es cierto que el toro haya nacido para eso, nadie nació para ser torturado; el toro de lidia tampoco es una especie, es una raza creada por el hombre, diseñada y manipulada por él para llegar a lo que es hoy en día el toro de lidia en base a muchos cruces y no es una especie, que sería el bovino, así el toro de lidia no deja de ser una raza más de esta especie. Entonces, criar a los animales para ser torturados eso es algo que éticamente jamás podremos aceptar. La Sociedad civilizada nunca puede aceptar que se críe a un animal, que es un ser vivo, con sistema nervioso central similar al nuestro, para ser torturado y que encima la gente se divierta con su suplicio; eso se cae por su propio peso y como le he dicho, nunca la tauromaquia tendrá argumentos para ser defendida, de pronto disculpas pero nunca argumentos. ¿Qué más pueden decir ellos?, que generan muchos empleos, que si el turismo, que mucha gente vive de ello. Si ese argumento fuera sostenible también podríamos negarnos a suprimir el terrorismo, el narcotráfico, el secuestro, la extorsión, la misma guerra que también genera muchos ingresos y hay mucha gente que vive de ella; entonces nunca, para algo cruel, bárbaro, sangriento puede valer como argumento que la gente obtiene de ahí su modus vivendi.

El toro no sufre. Esto es una falacia absoluta y total; aparte de cómo se rebrinca cuando le clavan las banderillas y los rejones de castigo o la pica, para entender que el toro sufre como nosotros - y de hecho la biología y la fisiología lo ha mostrado claramente -, basta saber que el toro tiene un sistema nervioso central que responde a los estímulos del dolor de la misma forma que el nuestro y decir que el toro no sufre, más que una disculpa que ellos inventan es un acto de atrevimiento tal y de ignorancia que raya en lo absurdo y en la estupidez”.
 http://participacionbogota.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=2987:entrevista-a-d-alvaro-munera-de-torero-a-luchador-contra-la-tortura-a-los-animales&catid=489:proteccion-animal&Itemid=251.

 

FRANCISCO GARCES

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Un poco de historia de las corridas de toros

Aunque las corridas de toros sean un espectáculo singular y vergonzosamente español, su origen se remonta a los sangrientos juegos romanos y las crueles venationes en las que se mataban miles de animales para divertir a un público sediento de sangre.

Aunque las corridas de toros sean un espectáculo singular y vergonzosamente español, su origen se remonta a los sangrientos juegos romanos y las crueles venationes en las que se mataban miles de animales para divertir a un público sediento de sangre y fuertes emociones. Según cuenta Plinio el Viejo, en su Historia Natural, Julio César introdujo en los juegos circenses la lucha entre el toro y el matador armado con espada y escudo, además de la “corrida” de un toro a quien el caballero desmontando derribaba sujetándolo por los cuernos. Otra figura de aquella época, según Ovidio, fue el llamado Karpóforo, que obligaba al toro a embestir utilizando un pañuelo rojo. El sacrificio de toros también se incluí­a entre los ritos y costumbres que los romanos introdujeron en Hispania.

En Creta, además del relato de la mitologí­a griega que cuenta las aventuras de Ariadna, hija del rey Minos, y Teseo, que mató al Minotauro, hay constancia de la celebración de juegos en la plaza de Cnossos, en cuyo palacio, conocido por el Laberinto, pueden verse frescos que muestran a hombres y mujeres en escenas de tauromaquia, guiados quizá por los mismos mitos y la ignorancia insensata que permite caracterizar a un pací­fico animal como un monstruo o enemigo virtual, convirtiéndole en ví­ctima real de nuestro fracaso evolutivo como seres humanos, para poder traficar con la vida y el dolor de cuantos carecen arbitriamente de nuestros inmerecidos privilegios.

El acoso y la matanza de toros en España como ritual de diversión

La primera referencia histórica de una corrida data de 1080, como parte del programa de festejos de la boda del infante Sancho de Estrada, en ívila. Existiendo una conexión psicológica entre la corrida y estas celebraciones por la simbologí­a ritual libidinosa imaginaria entre toro y torero, o entre lo masculino y lo femenino, con ramificaciones en el folklore y las fiestas populares, así­ como la relación libidinal entre el público y el torero, y otros elementos menos visibles que manifiestan todo un espectro de deseos, traumas y pasiones malsanas y enfermizas.
Aunque varios escritores apuntan que el Cid Campeador, Rodrigo Dí­az de Vivar, fue el primer caballero español que alanceó toros, según Plinio, la práctica la introdujo Julio César, atacando él mismo con una pica a los toros a caballo. Una costumbre que los moros consideraban menos peligrosa que los torneos entre cristianos, que les preparaban para las batallas en las que los hombres se mataban del mismo modo.
Durante la Edad Media la corrida de toros se desarrolla y es monopolizada gradualmente por la nobleza que, influenciada por la galanterí­a y el mal ejemplo de los reyes, como sucede en España en la actualidad, se disputaba la notoriedad pública, las atenciones de las damas y el respeto de los demás, exhibiendo su “valor” y gallardí­a, acosando y alanceando toros, considerados como enemigos totémicos de gran poder defensivo.
La reina Isabel la Católica rechazó las corridas de toros, pero no las prohibió, mientras que el emperador Carlos V se distinguió por su afición y mató un toro de una lanzada en Valladolid para celebrar el nacimiento de su hijo Felipe II, en cuyo reinado se promulgaron las primeras condenas eclesiásticas.

La complicidad del poder y la iglesia con las corridas de toros

En 1565 un concilio en Toledo para el remedio de los abusos del reino, declaró las funciones de toros “muy desagradables a Dios”, y en 1567 el Papa Pí­o V promulgó la bula De Salutis Gregis Dominici, pidiendo la abolición de las corridas en todos los reinos cristianos, amenazando con la excomunión a quienes las apoyaban, pero su sucesor Gregorio XIII modera el rigor de la bula de San Pí­o V, conforme al deseo de Felipe II de levantar la excomunión. En 1585, Sixto V vuelve a poner en vigor la condenación, que a su vez es cancelada en 1596 por Clemente VIII. Felipe III renovó y perfeccionó la plaza mayor de Madrid en 1619, con capacidad para casi sesenta mil participantes, y Felipe IV, además de alancear toros y matar uno de un arcabuzazo en la Huerta de la Priora, estoqueó a muerte a más de cuatrocientos jabalí­es.

Durante los siglos XVI y XVII, en España y el sur de Francia ya se practicaba la suelta de vaquillas y toros por calles y plazas, y otros festejos como los toros de fuego y los toros embolados, ensogados o enmaromados, comparables en crueldad con el espectáculo aristocrático de la corrida en el que el caballero tení­a un papel preponderante en el acoso y muerte del toro, que también sufrí­a las mil provocaciones que le causaban los peones desde los burladeros o caponeras, los arpones que la chusma le clavaban y los arañazos de algunos gatos introducidos en algún tonel que el toro desbarataba. En Sevilla, se documenta una corrida, a cargo de la cofradí­a de Santa Ana, con “seis o doce toros con cinteros y sogas para regocijo del pueblo”, llegando a generalizarse en las grandes corridas a caballo, con rejones, la provisión de un primer toro “para que sea burlado, humillado y muerto por el pueblo de a pie”.

El entusiasmo de la nobleza por las corridas se mantuvo durante el reinado de Carlos II, pero a partir del siglo XVIII, cuando la nobleza se desentendió del toreo a caballo, a raí­z de la prohibición de Felipe V de las llamadas “fiestas de los cuernos” (también rehusó participar en un auto de fe organizado en su nombre al principio de su reinado), se impuso el protagonismo plebeyo en el toreo a pie, con la novedad de la muerte del toro a manos de la gente más vil y poco refinada vinculada con el abasto de carne y los mataderos, donde desarrollaron su particular modalidad tauricida hasta formar en el siglo XVII cuadrillas de peones o chulos provistos de capas, que se unieron a los patéticos y despiadados jinetes (varilargueros), para correr (provocar el acoso del toro), doblar (hacerle dar vueltas bruscamente con el engaño), pinchar y rematar (desjarretar) a los toros agotados que rehuí­an el doloroso encuentro con sus verdugos a caballo y los perros de presa. Pasando de ser el enfrentamiento con el toro un entrenamiento “deportivo” a un negocio lucrativo que siguió contando con el apoyo real para erigir en la Puerta de Alcalá de Madrid la vieja plaza de obra de fábrica, donada por Fernando VI a la Real Junta de Hospitales, que fue inaugurada en 1754.

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se destinan extensas tierras para pastos, mientras el matador de toros alcanza renombre como espada y se consuma la dictadura taurina, al margen de la ley, con la proliferación de plazas permanentes, al estilo de los coliseos romanos, como un cáncer de la razón, con la consiguiente perversión y vulgarización de las malas costumbres y la pérdida de valores éticos y sociales que los españoles ilustrados trataron de corregir, sin éxito, con una legislación más humanitaria y socialmente acertada.

La conciencia humanitaria ilustrada y el despotismo taurino

A finales del siglo XVIII, una iniciativa para civilizar las costumbres del paí­s del conde de Aranda, ministro del gobierno ilustrado de Carlos III y presidente del Consejo de Castilla, desembocó en la promulgación de la Real Orden de 23 de marzo de 1778, que prohibí­a las corridas de toros de muerte en todo el reino, con excepción de aquéllas destinadas a sufragar, “por ví­a de arbitrio”, algún gasto de utilidad pública o fines benéficos, siendo éstas prohibidas también posteriormente por la “pragmática-sanción en fuerza de ley” de 9 de noviembre de 1785, que contemplaba su “cesación o suspensión”. Finalmente, por el decreto de 7 de septiembre de 1786 se consumó la total prohibición de todos los festejos, sin excepciones, incluidas las corridas concedidas con carácter temporal o perpetuo a cualquier organismo como “las Maestranzas u otro cualquiera cuerpo”. En 1790, otra “Real Provisión de los señores del Consejo”, erradicaba, no sólo la versión espectáculo de la recién inventada “corrida moderna”, sino cualquier celebración que tuviera al toro como ví­ctima protagonista, en virtud de la cual se prohibí­a “por punto general el abuso de correr por las calles novillos y toros que llaman de cuerda, así­ de dí­a como de noche”. En 1805, otro real decreto de Carlos IV reiteraba la abolición de las corridas de toros en España y sus territorios de ultramar, aunque se toleraban algunas excepciones con fines benéficos. Prohibición que dejó de ser efectiva incluso antes de la llegada de Fernando VII, el rey absolutista que restaura el tribunal de la inquisición (abolido en 1808) y da su apoyo a las corridas, mientras suprime las libertades y la constitución de 1812. Cerrando las aulas de la Universidad en todo el reino, al mismo tiempo que crea, en 1830, la primera escuela de tauromaquia, con sede en el matadero sevillano, que serí­a cerrada tras su muerte, en 1834, bajo la regencia de Marí­a Cristina.

El deseo de la mafia taurina de afianzar su poder e imponer su espectáculo a toda costa a la población española incrementa el ritmo de construcción de circos de muerte a lo largo del siglo XIX (en respuesta a la prohibición legal de las corridas), en cuyo perí­odo se erigen y se aumenta la capacidad de la mayorí­a de los que hoy están en uso. Provocando el apasionado clamor literario de la poetisa española Carolina Coronado (1823-1911) contra la profusión de circos taurinos, en su poesí­a Sobre la construcción de nuevas plazas de toros en España.

Durante el siglo XIX se regula la matanza de los toros al margen de la ley, publicándose en 1836 la Tauromaquia completa, mientras se organizan espectáculos en los que participan perros y otras especies animales, al más puro estilo del antiguo circo romano, como el enfrentamiento que tuvo lugar en Madrid entre un toro y un elefante en 1898.

La muerte de miles de caballos, horriblemente destripados, convierte las corridas de toros en verdaderas carnicerí­as que acaban reduciendo la población equina a la mitad en el último tercio del fin de siglo, lo que motiva la introducción en 1928 del peto, una colcha protectora de invención francesa, que no elimina el sufrimiento del caballo, pero evita herir la sensibilidad de los espectadores que menos toleran la sangre.

Los ganaderos manipulan el comportamiento y la fuerza del toro reduciendo su tamaño y fabricando un animal acomodaticio por medio de sucesivos cruzamientos para adaptarles al ritual taurino “moderno”.

Pablo Iglesias (1850-1925), figura indiscutida del Partido Socialista (PSOE) desde su legalización en 1881, condena públicamente las corridas de toros; pero es su propio partido el que las legaliza de nuevo en España mediante el Real Decreto 176/1992, de Juan Carlos I, que, lejos de tipificar la crueldad como delito como corresponde a un gobierno constitucional democrático, establece las medidas para fomentar la barbarie taurina “en atención a la tradición y vigencia cultural de la fiesta de los toros”, especificando las caracterí­sticas y el tamaño de las armas, legalmente homologadas, que los verdugos deben emplear para torturar a sus ví­ctimas, como las banderillas; más largas que hace dos siglos, las banderillas negras (que reemplazaron a las de fuego con cartuchos de pólvora), para aterrorizar al toro manso que no colabora con sus verdugos, así­ como la puya o pica, la espada o estoque y la puntilla propia del matadero y el arsenal taurino.

El negocio taurino fuera de España: una cuestión de vida y muerte

Las corridas de toros en América, Francia y Portugal atravesaron las mismas vicisitudes que en España, decretándose prohibiciones civiles y eclesiásticas que, salvo algunas excepciones, no se respetaron, aunque contribuyeran al desarrollo de un estilo diferente de espectáculo, igualmente cruel, basado en el tormento y la muerte de un animal sensible.

En Francia, la entrada en vigor de la ley Grammont prohibiendo las corridas de toros el 2 de julio de 1850, no impidió la introducción de las corridas de muerte al estilo español, para satisfacer a la emperatriz española, Eugenia de Montijo, que intervino personalmente para solicitar la suspensión de la prohibición que afectaba a una serie de corridas en Bayona, programadas para el verano de 1853, en las que murieron 19 toros y 39 caballos. A pesar de lo cual, las corridas siguieron estando legalmente prohibidas durante cien años en todo el territorio nacional, hasta la adopción, por el Consejo de la República, el 12 de abril de 1951, de una proposición de ley declarando que la ley anterior “no era aplicable a las corridas de toros cuando una tradición ininterrumpida podí­a ser invocada”.

Temiendo que una mayor preocupación por los derechos de los animales haga más difí­cil mantener engañada a la opinión pública mundial, la mafia taurina trata desesperadamente de exportar su esperpéntico espectáculo a cualquier paí­s sin ninguna tradición taurina como Egipto y Rusia, o a otras ciudades de Francia como Parí­s, donde intentaron organizar una corrida, en junio de 2002; o Carcasona, donde se montó una corrida por primera vez desde 1954, después de que el alcalde y la corte superior de justicia hicieran prevalecer la escapatoria legal de que existe “una tradición local ininterrumpida”, una disposición que excluye a las corridas de toros y peleas de gallos de las sanciones previstas en la actualidad para el maltrato de animales en la ley francesa de protección de los animales del 15 de julio de 1976.

“Según una encuesta francesa de 1993, el 83% de la población está en contra de las corridas de toros, y sólo las apoya un 11%”.

En Portugal, donde la crueldad y el sufrimiento de los animales es similar al resto de la pení­nsula, a pesar de la prohibición de las corridas de muerte al estilo español en 1928, la tradición de matar a los toros en las plazas de las ciudades fronterizas con España continúa en lugares como Villa de Barrancos, donde las autoridades las han permitido durante décadas. Paradójicamente, una nueva ley permitirá nuevamente la matanza del toro en los ruedos, en las ciudades que puedan demostrar haber mantenido ininterrumpidamente la costumbre de matar toros y de haber incumplido sistemáticamente la ley durante al menos cincuenta años.

Los falsos argumentos utilitaristas en defensa de las tradiciones para justificar la tortura de los toros no justifican de ninguna manera ningún acto basado en el suplicio gratuito de nuevas especies animales, pero el abuso sistemático de animales de cualquier especie acaba insensibilizando a la opinión pública ante el sufrimiento animal, permitiendo, por ejemplo, incluso encierros de avestruces en Aragón y en poblaciones como Fuengirola, sin tener en cuenta las consecuencias fí­sicas, psicológicas, morales o éticas para las ví­ctimas involuntarias o para quienes participan de buena gana en cualquier espectáculo cruel y degradante.

Si deseamos atajar la violencia contra los animales de cualquier especie y empezar a construir una sociedad basada en el respeto a la vida y a los demás, debemos avanzar en la dirección más humanitaria de otros paí­ses de la Unión Europea como Alemania, Italia o el Reino Unido, y mejorar el estatuto de los animales en España y otros paí­ses como Portugal, Francia, México, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, condenando sin paliativos la tortura de cualquier ser vivo a nivel europeo e internacional y reformando el artí­culo 632 del Código Penal español, que es totalmente ineficaz para prevenir los casos de crueldad con los animales, ya que sólo se aplica a los espectáculos no autorizados legalmente, en cuyo caso el maltrato sólo está castigado como una falta, con una multa.

TOMADO DE: https://www.animanaturalis.org/p/548/un-poco-de-historia-de-las-corridas-de-toros

 

FRANCISCO GARCES

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